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viernes, 24 de abril de 2009

Aprendiendo a leer

Siempre me emociona ver fotografías de la guerra civil.

Pero pocas me han impresionado tanto como la que vi hace un par de semanas en la sede del SPD de Berlín:



Puede que, a primera vista, esta foto no tenga la fuerza simbólica de unas milicianas empuñando las armas, de un soldado cayendo muerto en medio de la lucha, de unas trincheras llenas de soldados harapientos y sucios.
No es una foto heróica, de lucha o de muerte. Ni siquiera retrata el orgullo o la inocente ilusión del bando republicano durante los primeros meses de la guerra.

Es primavera del año 1937.

Las milicias de la cultura luchan contra el fascismo combatiendo la ignorancia.
Pero en las trincheras no hay libretas, lápices, ni pizarras.

Por eso, un miliciano que ejerce de profesor en su tiempo libre ha decidido impartir su clase en el cementerio: allí sobran lápidas negras en las que escribir el abecedario. De pie, frente a la tumba de Don Alejandro Miota e Inurrigarro, enterrado un par de años antes, escribe palabras simples para que sus alumnos practiquen: lona, leña, alma, sapo, piña, baba, lote, sima.
Los milicianos han apoyado sus fusiles y colgado sus cintos para que no les molesten durante su tarea. Ahora son alumnos que escriben aplicadamente la lección en sus trozos de papel.

Aunque alguien pueda considerar esta imagen un simple reflejo de la vida cotidiana, incluso como algo anecdótico y sin mayor valor, para mí esta instantánea resume el espíritu y la tragedia republicana.

En medio de la guerra, la educación de los milicianos es tan importante para ganar la guerra contra los fascistas como lo son las armas. Es el primer paso hacia la revolución.
La Iglesia ha dejado de ser sinónimo de opresión, se le ha perdido el miedo. Sus cementerios son ahora lugares idóneos para improvisar clases de lectura.
Puede que los milicianos hayan elegido esa lápida en particular sólo porque resultaba perfecta para lo que andaban buscando: es grande y de piedra negra. Pero el rimbombante "Don" y el largo apellido aristocrático le da valor de símbolo: el pueblo se educa y se alfabetiza sobre la lápida de la nobleza.

La foto fue tomada por Hans Gutmann, un alemán dedicado en cuerpo y alma a la causa española. Tanto, que se nacionalizaría español, cambiaría su nombre al de Juan Guzmán y se exiliaría a México.




Feliz día de la República con algo de atraso.

viernes, 16 de enero de 2009

¿Qué tienen en común Dior y el lejano Oeste?

Pues eso, ¿qué tienen en común Dior y el lejano Oeste?

La respuesta es Richard Avedon.


Ayer fui a ver una enorme exposición retrospectiva de Avedon que está en el museo Martin-Gropius-Bau (donde también vi la exposición de Rodtschenko que ya os conté) y salí encantada.

Aunque ya conocía bastante bien su obra, cambia muchísimo de verla reproducida en libros a ver las fotos al natural y en tamaño mucho más grande, incluso a veces más grande que el natural.


Tomemos por ejemplo esta (archiconocida) foto de la modelo Dovima -con un vestido de Dior- posando frente a los elefantes del Cirque d'Hiver, en 1955.


Personalmente, siempre me había encantado la foto, que va más allá de la simple fotografía de moda. La composición es preciosa y dan ganas de comprarse el vestido y ponerse a posar en plan diva. (Bueno, está bien, quizá a los chicos no les den ganas de hacer eso, pero ya me entendéis). Y viéndola de verdad, de cerca, se aprecia mucho mejor la iluminación, el contraste entre la piel blanquísima de la modelo y la piel gris y arrugada de los elefantes... Es genial.

Pero además me sorprendió que las demás fotografías de moda de Avedon (que son las que le hicieron famoso), que yo apenas conocía, fuesen igual de geniales. Son muy simples de composición, pero tienen un movimiento y una luz...

Aquí tenéis una pequeña selección:











A partir de su gran éxito como fotógrafo de moda, Avedon empezó a retratar a las grandes figuras de la cultura de su tiempo. Digo "de su tiempo" y me refiero a los años que van desde 1955 aproximadamente hasta el 2004, año en el que murió. Grandes personalidades de la música, el arte, la literatura, la política, etc., posaron entre la lente de la cámara de Avedon y una sábana blanca colgada en la pared de su estudio.

He logrado encontrar en Internet algunas de las fotos que, por diferentes motivos, más me han gustado.

Ésta es una fotografía del bailarín ruso Nureyev. Bonita, ¿verdad?



Aquí tenéis a Marguerite Duras. Si sois de los que, como yo, jamás había visto una foto de la escritora, quizá os quedéis igual de sorprendidos por lo chiquitina que parece y, sobre todo, por lo divertido de la expresión.



Katharine Hepburn era una de las grandes musas de Avedon. Este retrato también me encantó, porque aunque no es que la actriz salga favorecida, deja entrever una fuerza increíble.



Aquí tenéis a Charles Chaplin. Lo mejor de esta foto no es sólo el ver a Chaplin poniéndose cuernos de diablo, sino leer por qué lo hizo. Resulta que Avedon había ido mucho tiempo detrás de Chaplin para retratarle, pero no había manera. Pero un día de septiembre de 1952, de repente, el actor llamó a Avedon para que le hiciese las fotos. Cuando ya habían acabado la sesión, Chaplin bajó la cabeza, saliendo del cuadro del fotógrafo, y cuando la volvió a subir, se había puesto los dedos a los lados como si fuera un demonio, sonriendo. Avedon logró sacar una foto, aunque algo movida. Pensó que se trataba de una simple broma del actor, pero al día siguiente lo entendió mejor: en la portada de todos los periódicos de Estados Unidos salía la noticia de que Charles Chaplin había abandonado el país, harto de la caza de brujas del senador McCarthy. Y en su último retrato en suelo estadounidense salía burlándose de aquello que dejaba atrás.




Bob Dylan, sus pantalones pitillo y sus principios eléctricos, 1965:




De la siguiente foto lo primero que me llamó fue la expresión del rostro de la mujer y el encuadre. Cuando me acerqué para ver de quién se trataba, me enteré de era la contralto Marian Anderson, de la que jamás había oído hablar, la verdad, pero resulta que fue una cantante de gran éxito desde los años 30 hasta los 60, además de ser un icono de la lucha contra el segregacionismo en Estados Unidos, pues en muchos sitios le impidieron cantar por ser negra. La foto fue tomada en el Metropolitan Opera House de Washington, en 1955, un hito tanto en su carrera como en la historia de Estados Unidos, pues era la primera vez que se permitía que una cantante negra subiese al escenario.




Y last but not least, la gran Janis Joplin.
Murió al año siguiente de que Avedon la retratara.





Cambio de registro. Después de tanta moda y tantas caras bonitas y famosas, un viaje al lejano Oeste. A Avedon le encargaron en 1979 un reportaje sobre la gente "normal" de Estados Unidos. Durante cuatro años, el fotógrafo retrató cajeras, mineros, camareras, parados, niños y prisioneros -por citar sólo algunos ejemplos-, delante de su sempiterno fondo blanco. Llamó el reportaje In the American West y el resultado es impactante. Yo ya había visto esta serie hace algunos años en Barcelona, pero me impresionó tanto como aquella vez. Juzgad vosotros mismos:












Y para acabar con este pequeño repaso a la obra de Avedon, un pequeño toque berlinés. En la Nochevieja de 1989, el fotógrafo viajó hasta esta ciudad para retratar las celebraciones de año nuevo que tuvieron lugar alrededor de la Puerta de Brandenburgo y de los restos del recién caído Muro de Berlín.
Un documento histórico, una alegría que pronto se desvanecería:



Y si alguien aún tiene ganas de ver más fotos de Avedon, haciendo click aquí puede ver todo su portfolio bien ordenadito por temas y años.


[Por cierto, que esta entrada está dedicada a Rodi, lector silencioso del blog y con quien tenía planeado ver la exposición desde que se inauguró. Por desgracia, ¡tres meses en Berlín no son suficientes para hacer todo lo que uno quiere!]


martes, 13 de noviembre de 2007

Este pasado fin de semana

Una vez recuperada de mi terrible pequeño accidente doméstico, me dispongo a cumplir con lo prometido, que suele ser deuda: contaros mi fin de semana (que tampoco fue extraordinariamente especial, he de decir).

El jueves (como buena universitaria, mis fines de semana empiezan los jueves) fui, con unos amigos, a la Fundación Helmut Newton. Aquí en Berlín (no sé si en toda Alemania) muchos museos abren los jueves hasta las diez de la noche y a partir de las seis de la tarde es gratis entrar. Así que aprovechamos para echarle un vistazo. Al final nos alegramos de no haber pagado, pues la colección tampoco tiene gran cosa. Hay tres o cuatro salas dedicadas exclusivamente a Helmut Newton (donó su obra a la ciudad de Berlín poco antes de morir), una sala en la que está reconstruido su salón y en la que se encuentra su coche (una chorrada, vamos) y un par de salas en las que se encuentran las exposiciones temporales.



La exposición que vimos, titulada "Wanted" estaba dedicada a las fotografías de Larry Clark y de Ralph Gibson, amigos de Newton y fotógrafos no demasiado excepcionales, la verdad.
En resumen: una exposición correcta, sin más.


Como suele pasar, lo mejor del museo era su librería, de la que me llevé dos libros preciosos a precio de saldo. Así que me di por satisfecha con nuestra excursión a la Fundación H. Newton.


Aquí tenéis dos fotografías de Gibson que sí me gustaron:


Y aunque Newton tampoco es mi fotógrafo favorito, hay que reconocer que tiene estilo:


Después de la exposición nos fuimos a tomar una cerveza a un bar muy agradable que además está abierto 24 horas, y las 24 horas sirven comida, así que aquellos que vengáis a verme tenéis bastantes probabilidades de que os lleve allí en algún momento del día (o de la noche).

A pesar de las temperaturas que empiezaban a hacer en esta ciudad, el viernes por la noche me atreví a salir a la calle y me fui con unas amigas a un concierto de un grupo llamado Pescadores de Ventanas. Ya, con ese nombre evidentemente no se trata de un típico grupo alemán, pero sí de un grupo típicamente berlinés: aires de tango argentino, batucada brasileña, bajista alemán... Una buena mezcla, vamos. Éste es el cartel de un concierto anterior:

El concierto era en un barecillo de Friedrischshain, barrio que estaba en Berlín Oriental y que ahora es de los más alternativos, con multitud de casas okupa, o casas-proyecto, como dicen aquí. El concierto estuvo muy bien, animado, pero casi lo mejor vino después: algunos miembros del grupo de música, un espontáneo que supongo que había ido al ver a sus amigos tocar al bar y un camarero del bar -sí, el camarero- se volvieron a subir al escenario e improvisaron una jam-session que estuvo genial. Tocaban muy bien, improvisaban mejor, y se creó un ambientillo la mar de bueno.

Después del concierto pensaba ir a mi primera "WG Party" berlinesa (es decir, esas fiestas que monta la gente en su casa), pero el frío que hacía y mi pie, que no hay manera de que se cure, me hicieron desistir.
Y el sábado: ¡NEVÓ! ¡Sí! Nevó durante muy poco tiempo, pero muchísimo: en 20 minutos se puso toda la ciudad color de blanco, y fue precioso. No me dio tiempo a hacer fotos pues estaba en casa de un amigo italiano haciendo un trabajo de clase (no olvidéis que yo aquí he venido a estudiar), pero creo que tendré muuuucho tiempo para colgaros fotos de Berlín nevada desde todos los puntos de vista. Así que la próxima vez será.

La noche del sábado me dediqué a quedarme en casa leyendo y estudiando un poco, y también aproveché para ver una película que tenía ganas de ver desde hacía mucho tiempo: La science des rêves, La ciencia del sueño, dirigida por Michel Gondry (Olvídate de mí) e interpretada por Gael García Bernal (¡guapo!) y Charlotte Gainsbourg.


Es una película muy entretenida, surrealista pero también muy tierna, que te hace reír y sonreír, en la que no sabes si enamorarte del personaje principal o darle un capón (como muy bien me decía Ernesto). Recomendada para noches en las que apetezca ver algo bonito (sin ser ñoño).

El domingo tocaba también día de cine. Ya se ha convertido en una especie de tradición ir los domingos por la noche al cine Babylon, donde organizan CinemAperitivo, un ciclo de cine clásico italiano. Antes de ver la película la presentan brevemente y luego, mientras la gente se atiborra de foccacia y bebe Campari, hay un breve debate. La verdad es que está francamente bien. El programa de este domingo lo componían seis cortometrajes de los años 30 y 40 y de muy diversa procedencia y temática (y de los que no he podido encontrar ninguna imagen):
  • -NAPOLI NUOVA, de Alessandro Blasetti; documental fascista en el que se alaban los cambios realizados en Nápoles y la modernización de dicha ciudad.
  • -NETTEZZA URBANA, de Michelangelo Antonioni (sí, el que se murió al mismo tiempo que Bergman): un bonito retrato (en el que no se habla, por supuesto) sobre el día a día de los barrenderos.
  • -CONTADINI DEL MARE, de Vittorio De Seta: cortometraje documental sobre la pesca del atún en Sicilia (impresionante el tamaño de los atunes, por cierto).
  • -FIORAIE, de Francesco Maselli: el relato de un día cualquiera de una vendedora de flores en una ciudad italiana.
  • -BUIO IN SALA, de Dino Risi: un cortometraje genial y divertidísimo sobre la magia del cine, en el que la cámara enfoca siempre a los espectadores.
  • -FANTASIA SOTTOMARINA, de Roberto Rossellini: un cortometraje muy gracioso y filmado en su totalidad en el acuario de Rosellini (cuando todavía no era un director famoso) en el que nos cuenta las vicisitudes de una carpa, su búsqueda del amor y su lucha contra el temible pulpo.

La verdad es que estuvo muy bien la sesión de cortos. Además la cosa tuvo un buen final: nos fuimos a un restaurante asiático a comer sushi mientras veíamos nevar.
Y hala, a las ocho de la tarde, todo el mundo a casa.
Y así di por acabado mi fin de semana.