domingo, 10 de febrero de 2008

Berlinale Talent Campus - día 1



Ayer sábado comenzó el Talent Campus de la Berlinale. Fue muy divertido. Lena (la otra chica de Cafebabel) y yo nos dedicamos a dar vueltas viendo cómo funcionaba todo, a hacer preguntas a todo el mundo, a hablar con cualquiera que se pusiera delante, a husmear en todos los workshops y -last but not least- a intentar conseguir -sin éxito- uno de los bolsos que regalaban a los participantes (cosa que me trajo recuerdos del último festival de Nantes, en el que Marta y yo íbamos persiguiendo a los responsables para que nos regalaran el bolso del festival).

No tengo tiempo de contar cosas con más detalle, ya lo haré más adelante, pero os copio aquí el primer artículo que escribimos para el blog del Talent Campus (en la versión en español sin censurar) y os pongo algunas fotos.




Lena y yo con el oso de la Berlinale








Lena entrevistando a Breeze (Sudáfrica)





Yo con Gabriel (México), Carlos (Ecuador) y Sumit (Bangladesh)


Así fue el primer día del Talent Campus.

Todo es rosa. El logo del Talent Campus, los carteles que cuelgan en las paredes y el tapizado de los asientos. Pero una vez obviado ese aspecto, de lo que se trata es de divertirse y, sobre todo, de conocer a gente. La sexta edición del Berlinale Talent Campus acaba de empezar. 350 jóvenes de todo el mundo han acudido y están ansiosos por conocerse: futuros guionistas quieren conocer a guionistas profesionales y directores. Jóvenes directores quieren conocer a productores, a gente que les financie su proyecto y lo distribuya. Actrices quieren conocer a directores de cine con nuevas ideas y nuevas formas de realizarlas.
Y nosotras queremos conocer a los talentos. Hablamos por ejemplo con Breeze, de Sudáfrica, quien llama la atención con un complicado peinado rasta. Ha hecho un corto documental sobre la lucha antirracista en Johannesburgo. Pretende romper la monotonía de los documentales y hacerlos más atractivos para los jóvenes usando el hip-hop como lenguaje fílmico. “A la gente le encanta ver pelis pero pasan de ver cosas que les digan qué hacer.”
A la hora de comer conocimos a Alberto, italiano, quien hizo su primera película por casualidad: una ONG le encargó contar la historia de la Bosnia de la posguerra. El tema de su último proyecto también es socio-político: el derecho de las mujeres en Marruecos después de la introducción de la nueva Ley de la Familia.
El punto culminante de todos los encuentros del día es el Speed Matching: unos doscientos talentos se sientan en dos filas, unos mirando a otros, sobre taburetes de cartón. El escenario es rosa, claro. El barullo es enorme: cien conversaciones al mismo tiempo se desarrollan sobre el escenario. A cabo de tres minutos una de las filas se mueve un sitio hacia la izquierda, y tienen tres minutos para presentarse y decir qué hacen en el Talent Campus. Y así hasta que cada uno se ha presentado a todos los que se sientan en la fila opuesta. Quien pensó que los participantes estarían intimidados por la situación, se equivocaba: todo el mundo gesticula, se da la mano, se hace fotos, se intercambia direcciones.


Imagen del Speed Matching


Fuera, en el hall, tres chicos están sentados en los bancos tapizados de rosa. Fuera brilla el sol. Gabriel, Carlos y Sumit han llegado demasiado tarde al Speed Matching, pero se han conocido y nosotras les hemos conocido a ellos. Vienen de México, Ecuador y Bangladesh, y los tres son directores. Sumit nos cuenta con una sonrisa: “Es muy fácil hacer películas en Bangladesh: siempre hay un montón de historias que contar en un país tercermundista”. Su último corto es una reflexión sobre la enorme brecha que separa ricos de pobres, la alta tecnología de los modos de vida más rurales. De hecho, me dice que Berlín le ha impresionado por esa mezcla de edificios clásicos y enormes torres de cristal (ha estado en Postdamer Platz, claro). A Carlos le interesan los temas socio-políticos. Su documental Tanomenani cuenta la historia de una tribu que vive prácticamente aislada en el Amazonas y que ya se proyectó en Berlín en el Festival sobre Derechos Humanos One World.


En resumen, el primer día del Talent Campus fue muy divertido. El ambiente era genial y todos estaban impacientes por conocerse. Como dijo Alberto, “el Talent Campus es importante porque lo más peligroso de esta profesión es el aislamiento.”


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